domingo 31 de enero de 2010

Algunas guerras.

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“Pelo suelto y mundo expuesto sin saber sin conocer
dónde te esconden.
Quién soy por qué te busco para desnudarme mientras
me arrepiento.
A qué estados me transportas con los ojos vendados.”
W. Guerra


Algunas guerras santas que dejan
sangre en los colmillos y
la suma es enfática
por disolución del néctar
de la carne y de los huesos
con la intención mal coagulada
del adiós.

Ver ahora como mi propia lengua
me obstruye la garganta
y pide seguir lamiéndote
zorra hambrienta
animal de compañía
meretriz que no merece
pero parece seguir maullando
entre el frío de sábanas mojadas
por legítima imprudencia.

En guerra contra mí
soy sola ahora
quien se zafa de las vendas
quien consiente a las bragas
deslizarse hasta las rodillas
y no hay daga que penetre
más profundo y extático
que mirarte y saber
que es terrible el dolor
de abandonar la contienda
o alejarme de tu grito.

Saber,
de esa fina complicidad
que hermana a las saciadas,
a las heridas
de guerra,
que te llevo encogida
y desbordada,
que no encontraré la verja
por la que escapar.

Pero lo intentaría,
lo juro.

miércoles 27 de enero de 2010

Cosas de la física

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En esta cápsula de hidrógeno
hay un sabor amarillo a humo
y tus ojos aún parecen cerrados.

Como nadando en líquido amniótico
descuento a favor del reloj
los segundos
que tardaré en desnudarte.

Me pesas tanto, cariño
es tan densa la saliva
el poliedro de bruma
que se alza y se expande
entre tu pasivo amarre
y mi desesperación.

Ya verás salir los galgos
de mi ombligo
a trompicones
pero esta vez el ahorcado
es el ganador.

Cosas de la física.

sábado 23 de enero de 2010

Vinagre

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Soy la brújula más triste de la calle,
la niña imantada del vinagre
y ese - yo qué sé.

Aquí también llueve un poco
todavía
te marchas y es como intentar
reconstruirme
con los pedazos que dejé olvidados
dentro de ti.

Ya no basta excusas,
libertad, tiempo,
para cortar la carrera
para anunciar la victoria
y dejar de ser perras escarlata
lamiendo la vida –alegre- en un sofá.

No. No te marches
no, no te escondas
en un intervalo de tiempo.
No te pregunto
sólo tengo cortadas
las rodillas
de ser la puta perfecta
la preferida
y la más leal.

lunes 18 de enero de 2010

Comunicación intravenosa, todo son suposiciones.

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Se lo han dicho; no por cocer las uñas en quitaesmalte se le van a saltar las huellas. Pero ella dale que dale sorda y obcecada, con los dedos ya ardiéndole y la carne en pedacitos. La memoria de los dedos. El tacto, el maldito fósforo. Si pudiera vomitar todas las sardinas que le mandaron comer de pequeña. No es sano, hervirse en agua salada, echarle la culpa a un pez de la reticencia del olvido.

Mete sus fotos en la lavadora, pastillitas para la acidez y un par de gramos de coca. Receta infalible dice el libro del escarnio, perfecto arma de agresión contra la memoria. Pero ya se ha dejado los zapatos en la cocina antes de emprender la carrera. Ya pitaron hace años el pistoletazo de salida y se quedó regazada, para mirarla un rato, para mirarla un rato y que le diera apenas un dibujo en una servilleta. Gracias por su visita. La educación apremia.

Tampoco. No entiende, porqué a pesar de haber racionado la sal en sus comidas, sigue teniendo ganas de bailar al verla y se le mueven los pies solos. Y se toma la sopa fría para amainar el temporal que le viene de dentro. Permanecer glaciar y ártica. Los esquimales comen peces. De ahí todo. Maldita memoria. Una aprende con los años la retirada a destiempo, el impulso cobarde, el cansancio y rendirse ante un vasito de plomo.

No cerró la puerta del portal, esperó a que ella la abriera. Comunicación intravenosa, un mensaje sin canal casi siempre recibe ausente su destinatario. Tenía la llave, la llave metafórica. Contó hasta diez que siempre es una cuenta elevada, casi generosa, para que ella mirase atrás. No esperaba milagros, ella nunca mira. Los ojos rasgados no excusan una ceguera. Algunas chinas parecen gilipollas, no entienden que el trocito de carne tras la carrera de las medias, se disloca a medio metro de distancia. Si no aceleras el contacto, si no un breve rozar de la rodilla con la palma, cuando tiembla y no es por frío. Si estás lejos no se nota. No todas las cosas se dejan entender, las cosas grandes que visten tallas minúsculas. Pero al caminar el miedo se les desborda. Existen fines del mundo y mundos que tras su deseo de concluir se prolongan. Vamos a tener que olvidarlo. Todo son suposiciones.

sábado 16 de enero de 2010

Menta

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“Tienes el pubis como el de una niña pequeña”

Me dijiste y empezaste a acariciar
sin siquiera tú saberlo,

todas las noches que me enterré sola en la cama con tu nombre
el verbo afilado de no prometer por lo que venga mañana

esa tanta manía de pronunciarte cuando me follas. El miedo,
a quedar en la cuneta mientras tú te largas.

Y era todo tan refulgente, tan punzante, tan bonito.

Luces y sombras.


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Muy en el fondo del acantilado,
tragando asfalto.
Como salida de mí – contigo,
entre temblor
y temblor,
quise aprender a llorar
con los ojos cerrados.

Sigo lamiendo a las puertas
de tu pubis,
inventando ungüentos
con las manos
atadas a la espalda
como una esclava egipcia.

Impoluta,
sigues estando en mi memoria
desnuda y tatuada.
Contraatacando aquellas cosas
que sí nos dijimos,
con la subjetiva ternura de tus tactos
como en cada retroceso.

No quise regresar a casa,
ropa arrugada, pelo húmedo
tan poco, tanto,
tan agredida
por el avance canalla del tiempo
y por sus consecuencias.

miércoles 13 de enero de 2010

Inaugurar moleskine.


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Hay una salamandra
en tu cuarto
que apenas sabe
tu nombre,
pero ha aprendido a dormir
cuando despiertas.

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Si la poesía es el arte de mimetizar
mediante palabras,
en prosa o en verso.
Si escribo “desolación”
¿en qué parte de la realidad física
lo sintetizo?

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Una oración copulativa:

“Ahora-estabas-mejor-entre-mis-piernas”

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Es tan sólo un desacierto,
el hecho de que hoy,
todos me percibiesen enigmática
poderosa
con mis medias rotas y el abrigo negro.
Todos menos tú,
que me besas en callejones oscuros
y que hasta podrías tenerme,
si te empeñas.