Sara Torres Rodríguez De Castro

sábado 5 de noviembre de 2011

La lírica en la pintura de Cristóbal Ruiz

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No se ocultará, al ojo sensible que vaga su atención por las estancias del Museo de Bellas Artes de Oviedo, el reflejo andrógino y tímido de una niña que reposa entre los rebeldes hijos de la vanguardia sin saber muy bien si ese lugar le corresponde.

Mª Luisa, sólo uno y no el más conocido de los niños pintados por Cristóbal Ruiz durante su vida. Niña, como los otros, retratada en lo diáfano, con las rodillas juntas y la mirada apacible, apareciendo ante nuestro juicio como en pose obediente para un retrato de escuela. Sus ropas limpias y planchadas, sus medias cubriendo desde el zapato unos centímetros por encima de sus tobillos, imprimen el equilibrio con el que Cristóbal Ruíz pintó y vivió durante su carrera.
La historia es en exceso generosa para con unos y queda parca en palabras para los que supieron aliarse al buen silencio. Hablan de la vanguardia española por los años 1930-1936. Hablan de grandes Vázquez Díaz, Ángel Ferrant, Lorca, Dalí… Hablan casi siempre olvidando a Cristóbal Ruiz “un pintor de suavidades, de silencios, de niños callados”.

Un único libro nos habla de su trayectoria, rindiendo ese homenaje necesario que algunas veces faltó durante su vida. La pintura y la lírica de Cristóbal Ruiz, escrita por Juan Antonio Gaya Nuño y editada en Puerto Rico (donde el pintor fue exiliado y maestro de las juventudes artísticas) cuenta de él que nació en Jaén en 1881 como Pablo Picasso y que ocupó casi el opuesto a la lírica arrebatadora de este. Cristóbal también vivió el bello y nuevo París de la época, trabando amistad con el genial Modigliani, que ni siquiera con su magnetismo consiguió alterar las costumbres de nuestro pintor. En París conoció también a Madeleine, su compañera de vida. Una vez casado, su madre viaja a la capital francesa, permanece allí unos meses, y viendo las dificultades por las que pasan los jóvenes, propone el regreso de la familia a España en busca de una mayor calidad de vida. Llega el gran momento en la carrera del pintor: expone su obra en el Museo de Arte Moderno. España atraviesa una época dorada en lo artístico y entre las amistades de Cristóbal Ruiz abundan aquellos que llevan de su mano las letras: Machado, Valle Inclán, Gabriel Miró y Federico García Lorca, dieron testimonio de la belleza en el espíritu del pintor.

“Cristobal Ruiz - tan modesto, tan sencillo, tan bondadoso, es a la hora presente uno de los valores más altos, más positivos, más ilustres de la pintura española”. Eugenio d´Ors dice que es Cristóbal para la pintura, lo que Azorín para la literatura y sigue el gran Juan Ramón Jiménez definiéndole como “un pajarito andalúz, de luto” “sentimental y fino”. Sin olvidar a Pedro Salinas, otro español que fue a parar a Puerto Rico y que supo ver en los cuadros de Cristóbal Ruiz un tierno enlace con los versos de Machado: “nadie da como C.Ruiz con una versión del paisaje español tan ajustada a la actitud espiritual de los grandes escritores del 98”.

Y es que Mª Luisa, siguiéndonos con su mirada inteligente, separada de los demás niños retratados por el buen pintor, no sabe de vanguardias más que por sus colores limpios y distintos, su realidad captada en unas pocas líneas, su gran historia tras una expresión firme y definida. Nada sabe Mª Luisa de la gran Gala halada que nos llega del agitado pincel de Dalí en la pared contigua, pero sin embargo nuestros ojos se quedan en ella, quieren saber más del pintor que supo vivir su propio tiempo, en las revoltosas horas de vanguardia.#


Sara Torres Rodríguez de Castro

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# Toda la información presente en este artículo viene del libro “La pintura y la lírica de Cristóbal Ruiz” editado en San Juan, Puerto Rico en 1963, y que podemos encontrar en la Biblioteca Central de Oviedo.

1 huellas:

carmeloti dijo...

No tienes que agradecer nada y mucho menos que venga por aqui, que siempre es un placer y si es para rendir pleitesía a un pintor de mi amada Andalucia que más podría pedir.